Coronel Martínez Inglés: “El rey Juan Carlos I traicionó al pueblo saharaui en 1975″

articulo en La Republica. Para leerlo pinche aquí.

Ayer tarde se aprobó en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley presentada por el Grupo Socialista, que resultó aprobada con el apoyo de todos los demás grupos de la Cámara a excepción del PP que se abstuvo, en la que se recogen una serie de puntos trascendentes a tener en cuenta en la política exterior española en relación con el Sahara Occidental administrado por España hasta el año 1975. Entre estos sobresalen el reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, la necesidad de que finalmente se celebre el referéndum auspiciado por naciones Unidas y, también y curiosamente, la realización de gestiones “al máximo nivel” para intentar solucionar política y humanitariamente el caso Haidar.

Como dentro de este último eufemismo político se esconde la recientemente aireada y pedida intercesión del monarca español para resolver “in extremis” el contencioso hispano-marroquí nacido a cuenta de la posición personal adoptada por la activista saharaui, es de suma importancia que el pueblo español conozca que la actual situación de abandono, menosprecio y sometimiento a Marruecos del valeroso pueblo saharaui, proviene de la traición personal del actual rey de España Juan Carlos I que en noviembre de 1975, desempeñando interinamente la jefatura del Estado español, pactó en secreto con el Departamento de Estado norteamericano la entrega incondicional de la antigua provincia española del Sahara Occidental al reino de Marruecos. Todo ello para evitarse una guerra colonial con este último país que España no estaba en condiciones de enfrentar.

Este vergonzoso Pacto del entonces príncipe de España con Henry Kissinger y el rey Hassan II de Marruecos, que como historiador militar he estudiado a fondo, me permití ponerlo en conocimiento del Presidente del Congreso de los Diputados, señor Bono, en una carta remitida con fecha 8 de octubre de 2008, continuación de otra del 4 de abril del mismo año en la que le pedía la creación de una Comisión de Investigación que depurara las responsabilidades del rey de España en una serie de presuntos delitos relacionados con el 23-F, los GAL, la malversación de fondos públicos y el homicidio cometido en la persona de su hermano, el infante Don Alfonso de Borbón.

De esta última carta, que adquiere especial relevancia en estos momentos de creciente deterioro de las relaciones con Marruecos por el caso Haidar y en los que algunos se atreven a pedir, con total desconocimiento de la historia, que el monarca español interceda ahora ante el reino alauí por aquellos a los que él mismo traicionó en el año 1975, transcribo a continuación, porque creo que es de sumo interés para los medios de comunicación y el pueblo español en general, los párrafos más importantes relacionados con el tema que nos ocupa:

“Y ahora paso al meollo del presente escrito, es decir, a contarle algunas cosas muy graves, muy graves, muy graves… gravísimas ¡como no! del actual rey de España, Juan Carlos I de Borbón. Más que nada para que tome buena nota de ellas, añadiéndolas en lugar preferente al inventario de presuntos delitos que ya le he remitido y que deberá ser estudiado, cuando a usted le venga bien, por la todavía nonata Comisión de Investigación Borbónica Española (CIBE)

Me estoy refiriendo en concreto, señor Bono, a tres nuevos, espeluznantes, bochornosos, repugnantes… delitos, que ni la historia ni los ciudadanos españoles conocen todavía en toda su profunda dimensión (algunos historiadores, obviamente, estamos en ello) cometidos en los últimos meses del año 1975 por el entonces príncipe de España, justo cuando desempeñaba la Jefatura del Estado de una forma interina pero con todos los poderes del dictador en la mano. Presuntos delitos que de entrada podríamos catalogar, hasta que la citada Comisión parlamentaria pueda pronunciarse, como de alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio. Sí, sí, no se me ponga nervioso, señor Bono, que enseguida paso a informarle largo y tendido sobre el asqueroso hecho político que acoge estas figuras delictivas de Juan Carlos I, que para eso soy historiador militar y, modestia aparte, creo que de todo esto sé un poquito, lo justo quizá para despertar su mente y la de algunos miles de ciudadanos españoles.

Y le voy a exponer el asunto, en principio, señor presidente, de una forma extractada y casi telegráfica (aunque creo que muy comprensible para usted, que me imagino tiene cierta culturilla histórica, y para el lector medio) pues no querría bajo ninguna circunstancia que este escrito se convirtiera en una larga y tediosa lección magistral de historia de España. Eso lo dejo, si a vuecencia le parece bien, para deleite de las señorías a las que les corresponda un día poner en su sitio, de una vez por todas, a este Borbón de medio pelo salido de las cloacas del franquismo que ha tomado la jefatura del Estado español como su finca particular y su saneado negocio.

El hecho histórico a que me refiero, señor Bono, no es otro que el de la vergonzosa entrega a Marruecos, en noviembre de 1975, de nada menos que 200.000 kms cuadrados del llamado Sahara español (provincia africana según Franco, territorio bajo administración española según la ONU) por miedo a tener que enfrentar una guerra con ese país (que había organizado una marcha “pacífica” de 300.000 ciudadanos marroquíes y nos amenazaba con la invasión pura y dura) y tras un pacto secreto entre el jefe de Estado español en funciones en aquellos dramáticos momentos (el príncipe Juan Carlos de Borbón), la CIA y el Departamento de Estado norteamericano (Kissinger). Pacto por el cual el heredero de Franco se quitaba de en medio una muy probable guerra colonial con nuestro vecino del sur (que podía poner en grave peligro su ansiada corona) y recibía además el inmenso apoyo político yanqui para estabilizar su tambaleante Régimen.

A cambio, claro está, de traicionar con nocturnidad y alevosía, como ha sido práctica habitual en él, al pueblo español (ajeno a todo como siempre), a sus Fuerzas Armadas (que a pesar de su abandono operativo y escasez de medios estaban dispuestas a sacrificarse por defender el honor de España y la legalidad internacional), al pueblo saharaui (que sería entregado desarmado al invasor y bárbaramente masacrado en una desigual guerra y en un oscuro genocidio que se saldarían con más de cuatro mil víctimas, y del que cualquier juez imparcial pediría responsabilidades al jefe del Estado español por cómplice y colaborador necesario) y a la ONU (que había decretado a través de su Tribunal Internacional de Justicia y de su resolución 380 la ilegalidad de la acción unilateral de Marruecos y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación).

Empecemos, pues, presidente, y que nadie desdeñe el asunto como lejano en el tiempo o meramente historicista pues estamos hablando de hechos gravísimos cometidos en su día por el actual jefe del Estado español, como son los presuntos delitos de “alta traición a la nación española” tras la acción consumada y no debatida en sus órganos institucionales de la entrega a una potencia invasora de una parte importantísima del territorio nacional sin intentar defenderlo siquiera y tras un pacto secreto con el propio enemigo y su socio geoestratégico; de “cobardía ante el enemigo” por parte del jefe del Estado español en funciones de comandante en jefe del Ejército que entrega sin combatir una parte substancial del territorio nacional tras un pacto secreto con el enemigo; y de “genocidio” contra el pueblo saharaui, en grado de colaboración necesaria con el ejecutor directo del mismo (el sátrapa marroquí), al haber puesto bajo la bota de su Ejército, totalmente desarmados, a los 30.000 habitantes de la antigua provincia española, a los que debería haber defendido con arreglo al Derecho Internacional y a los derechos humanos más fundamentales.

Repasemos, pues, esos lamentables hechos, próximo a cumplirse su 33 aniversario:

21 de agosto de 1975

El departamento de Estado norteamericano da luz verde a un proyecto estratégico secreto de la CIA, financiado por Arabia Saudí, para arrebatar la antigua provincia del Sahara (270.000 Kms cuadrados) a España. Un territorio vital desde el punto geoestratégico, rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, que EE.UU no está dispuesto a dejar en manos de España dada la situación en que se encuentra el régimen franquista. El plan consiste en invadir la zona mediante una marcha “pacífica” de unos 300.000 ciudadanos marroquíes (Marcha Verde), que se harían pasar por antiguos habitantes de la zona.

6 de octubre de 1975

El servicio de Inteligencia del Ejército español informa a Franco, ya muy enfermo, de los planes de EE.UU en relación con el Sahara.

16 de octubre de 1975

La Marcha Verde es anunciada por Hasan II, al mismo tiempo que el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU rechaza las pretensiones de Maruecos sobre ese territorio.

20 de octubre de 1975

Franco empeora ostensiblemente. Sufre un nuevo ataque al corazón.

21 de octubre de 1975

El príncipe Juan Carlos de Borbón, heredero del dictador, se niega a aceptar la jefatura del Estado con carácter interino. Quiere plenos poderes para poder actuar en el Sahara.

22 de octubre de 1975

El presidente del Gobierno español, Arias Navarro, con conocimiento de Franco, manda a Solís a Rabat para tratar de parar el órdago marroquí prometiendo negociaciones sobre el tema en cuanto la situación del dictador mejore.

26 de octubre de 1975

Comienza la Marcha Verde en territorio marroquí. Toda la planificación operativa y la organización logística han corrido a cargo de técnicos norteamericanos.

30 de octubre de 1975

Juan Carlos de Borbón se hace cargo de la jefatura del Estado español (artículo 11 de la ley Orgánica del Estado). Está muy preocupado por la situación en el Sahara pues tiene muy presente el caso portugués. No quiere que la situación le desborde.

31 de octubre de 1975

El príncipe preside un Consejo de Ministros en La Zarzuela. Cuestión prioritaria: el Sahara. Asiste invitado el jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Fernández Vallespín. Juan Carlos manifiesta su férrea determinación de ponerse al frente de la situación. Sin embargo, no les dice a los reunidos que él ya ha enviado a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a Washington, para solicitar la ayuda de Henry Kissinger. Es consciente de que una guerra colonial con Marruecos en aquellos momentos podría precipitar los acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podría perder su corona antes de ceñirla.

El secretario de Estado norteamericano acepta la mediación solicitada por el nuevo jefe del Estado español, intercede ante Hassan II y en las siguientes horas se pergeña un pacto secreto por el que Juan Carlos se compromete a entregar el Sahara español a Marruecos (vistiendo el muñeco de la rendición con unas amañadas conversaciones políticas en Madrid), a cambio del total apoyo político americano en su próxima andadura como rey de España.

2 de noviembre de 1975

Juan Carlos de Borbón visita las tropas destacadas en El Aaiun en un viaje sorpresa. Está en tratos secretos con los americanos para la entrega del territorio, pero no tiene ningún reparo en escenificar un “teatrillo castrense” con los militares (a los que traicionará en las siguientes horas igual que al pueblo español, a los saharauis y a la propia ONU) echando mano de la extensa parafernalia castrense propia de estos actos: formación solemne, desfile, honor a los muertos, recepción en el Casino Militar… En este centro, en el curso de una bien regada copa de vino español, hasta se permite el lujo de representar el papel de un moderno “Escipión El Africano a la española”, diciéndoles a los oficiales de las tropas allí destacadas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres” y también, hinchando el pecho y subiendo la barbilla: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”

6 de noviembre de 1975

La Marcha Verde invade la antigua provincia africana española. En virtud del pacto secreto (alta traición) entre Kissinger, Hassan II y el flamante nuevo jefe del Estado español (el viejo se está muriendo en el hospital hecho un guiñapo entre monitores y sondas) los campos de minas de la frontera han sido levantados y los legionarios españoles prudentemente retirados. España hasta se permite la desvergüenza de enviar al ministro de la Presidencia para que gire una visita de cortesía a los campamentos marroquíes. La ONU, incómoda y sin saber de qué va la cosa, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional. España mira para otro lado ¡bastante tiene el principito con asegurar su corona! y el tirano alauí no hace el menor caso.

9 de noviembre de 1975

Hassan II da por alcanzados todos sus objetivos en el Sahara y en espera de las conversaciones de Madrid (ya tiene asegurada su presa) retira los campamentos de la Marcha Verde a Tarfaya. Argelia protesta y retira su embajador en Rabat. Los polisarios, traicionados por España, se aprestan a la lucha.

12 de noviembre de 1975

Comienza la Conferencia de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, con EE.UU de mandamás en la sombra.

14 de noviembre de 1975

Declaración de Madrid sobre el Sahara. Se entrega a Marruecos toda la parte norte de la antigua provincia española: 200.000 Kms cuadrados de gran importancia geoestratégica, muy ricos en toda clase de minerales, gas y petróleo (descubierto por petrolíferas yanquis y en reserva estratégica). A Mauritania (que los abandonará enseguida en beneficio de su poderoso vecino del norte) se le transfieren 70.000 Kms cuadrados del sur, los más pobres e improductivos. Las Cortes y el pueblo español no saben nada del asunto. Todo se ha tejido entre bastidores, con la CIA, el departamento de Estado norteamericano y los servicios secretos marroquíes como maestros de una ceremonia bochornosa en la que el príncipe Juan Carlos ha movido sus hilos a través de sus validos y hombres de confianza: Armada, Mondéjar, Torcuato Fernández Miranda… mientras el Gobierno del anonadado Arias Navarro, con Franco moribundo y su porvenir político en el alero, se ha limitado a ejercer de convidado de piedra en la mayor vergüenza política y militar de España en toda su historia. Porque sí, efectivamente, este país, después de su flash imperial, ha padecido en diferentes épocas derrotas sin cuento, descalabros memorables y renuncios espectaculares, pero nunca jamás había traicionado de una forma tan perversa a sus propios ciudadanos (los saharauis lo eran en 1975), se había humillado de tal manera ante un pueblo más débil que él pactando en secreto su rendición, y abandonado cobardemente el campo de batalla sin pegar un solo tiro y después de entregar a su envalentonado enemigo acuartelamientos, armas y bagajes.

Una vergüenza histórica sin paliativos, a cargar ¡como no! en el “debe” de un príncipe sin principios morales de ninguna clase, cargado de ambición, bufón de un dictador sin escrúpulos, ansioso de poner sobre su cabeza los ridículos oropeles de una corona trasnochada y profanada hasta la saciedad en el pasado por reyes despreciables de su propia dinastía, y que se permitió el lujo de vender a su propio país, a su pueblo, a la sacrificada minoría étnica que, bajo nuestras leyes y nuestra protección, creyó en la promesas de España y en ser libres algún día.

De todo esto que le cuento, señor Bono, poca información han recibido durante nuestra sacrosanta transición tanto el pueblo español como su clase política. Había que preservar, así lo estipula la Constitución franquista del 78, la imagen del rey que iba a salvarnos a todos y a traernos los derechos y libertades conculcados durante décadas por su amo y señor.

Termino, señor presidente del Congreso de los Diputados, y recuerde: alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio. ¡Casi nada! ¿No le parece a su excelencia que quizá esa Comisión de Investigación que tanto pavor le produce debería comenzar su trabajo analizando tan escalofriantes delitos?

Reciba, señor presidente del Congreso de los Diputados, un afectuoso saludo

Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 8 de octubre de 2008

Fdo: Amadeo Martínez Inglés

Coronel. Escritor. Historiador.

Lo del PP no es miopía, es mala leche

La Generalitat Valenciana junto a los gobiernos de Madrid y Murcia, controlados férreamente por el PP, han rehusado el plan Escuela 2.0 y han dejado a miles de estudiantes sin ordenador. El PP piensa que sus votantes son idiotas (en el sentido griego del término) y les explica que han rechazado el plan porque los ordenadores propician la miopía. Este argumento del PP es tan serio como decir, como se ha dicho desde la derecha mediática, que los africanos no deben usar el preservativo porque no saben leer o porque no se hacen la manicura francesa. No sé que enfermedad será esto que le pasa al PP, pero yo que soy miope desde los catorce, les aseguro que con gafas se corrigen estos defectos visuales, y lo que le pasa a los de Rajoy es más bien un problema de mentalidad y de inteligencia.

El Partido Popular, prefiere que sus niños se queden sin ordenadores antes que contribuir con cualquier logro del gobierno, aunque beneficie a su población. Esta actitud de los de Rajoy, Camps y Arenas va no sólo en contra de sus votantes, sino en contra de los intereses de la ciudadanía de las comunidades en las que gobierna, y antepone sus intereses partidistas a los intereses ciudadanos. Y esto no se llama miopía, efectivamente, es algo mucho peor que se llama tiranía.

El PP demuestra que en sus filas tiene fichados a algunos aspirantes a tirano que se aferran a sus cargos de poder (como la familia Fabra que lleva 200 años controlando el cotarro en Castellón) o los desean, para hacer de España su cortijo particular. Este cortijo pepero de ensueño estaría lleno de sastres de alcoba, confeccionando trajes a medida, y nombrarían a antiguos franquistas (como acaban de hacer en la Caja del Mediterráneo) como tesoreros cortijeros. El insulto directo y zafío (como los de Jiménez Losantos, quien ha vuelto a ser condenado por ello) sería la figura retórica más refinada de esa España caciquil que anhelan los populares. Esa España es la misma que, por alusiones fugaces a la actualidad, cerraba la verja de Gibraltar y abandonaba una provincia española (el Sáhara) a su suerte, en un alarde de mal entendido y falso españolismo.

Con todos los casos similares vistos hasta el momento, siendo el último el de los ordenadores, cada vez parece más claro que el PP prefiere que a España y a los españoles les vaya mal o muy mal, si con eso a ellos les puede ir bien o muy bien y llegar al poder. No es miopía, no. Pero, qué nombre le ponemos a esto: ¿mezquindad? ¿irresponsabilidad? ¿desafección? ¿maldad? ¿sectarismo? ¿gangsterismo? ¿fanatismo? No doy con la palabra exacta, pero llevaría de todo esto, quizás un poco.

la realidad y la política

artículo de Beatriz Gimeno publicado en elplural.com
Para leerlo en su versión original pinche aquí.

El sábado 12 se celebró en Madrid una manifestación sindical cuya principal reivindicación era que la crisis no la paguen los de siempre. También, en esta misma semana se han presentado en mi empresa las candidaturas para elegir delegados sindicales. Perdónenme que cuente algo personal, pero la concurrencia de esos dos sucesos me ha hecho pensar mucho. Utilizo el caso de mi empresa como ejemplo que conozco, pero con seguridad ocurre lo mismo en muchas otras. La empresa en la que trabajo es una empresa de servicios que da empleo a más de cien trabajadores.

La mayoría de ellos son gente de clase media con estudios superiores. Durante seis años he sido delegada sindical de CC.OO junto con otros dos compañeros. Cuando me presenté por primera vez no había manera de confeccionar las listas, nadie quería presentarse. Creo que en toda la empresa, aparte de mí, hay otros dos trabajadores afiliados a un sindicato, no más. En estas elecciones, como todo el mundo está muy nervioso por culpa de la crisis y tiene miedo a los despidos sobran los voluntarios a delegado porque creen que así no se les puede despedir.

Y es ese proceso el que me ha hecho pensar. De repente, muchos querían ser delegados sindicales, pero no sabían por qué sindicato. Lo único que parecían tener claro es que no querían incorporarse a una lista que llevara los nombres de CC.OO o de UGT porque son, decían, “sindicatos políticos” y aquí todos dicen ser apolíticos. Como necesitan un sindicato buscaron en el tablón de anuncios y encontraron un sindicato ignoto que incluía la palabra “libre” en su nombre. Como son apolíticos, se decantaron por un sindicato que es pro empresa, amarillo y de derechas. Les daba igual un sindicato qué otro; no saben para qué sirve un sindicato, jamás se les pasaría por la cabeza afiliarse pero, eso sí y tengo esa experiencia, en el momento en que les despiden la primera queja es para los sindicatos, no para quién les ha despedido, ni para quién abarató los despidos, ni permitió el despido libre. Además, siempre “exigen” asesoramiento y asistencia letrada gratuita. Y por cierto que como aquí todos son apolíticos afiliados sindicales no hay pero votantes de Rosa Diez, en cambio, hay varios.

Después, mira por donde, algunas de las personas que se incorporaron a las listas son aquellas que se han caracterizado por ser los menos solidarios, los menos preocupados por lo colectivo, los más preocupados por ellos mismos. Pero, ante mi sorpresa, muchos de los compañeros y compañeras lo prefieren así; de nuevo repiten su mantra: mejor nadie “político” que eso lía las cosas. La gente piensa que en momentos de crisis, aquellos que mejor saben cuidar de sí mismos, a costa de lo que sea, cuidarán mejor de todos. Comprendí perfectamente por qué -salvando las distancias- la gente vota a los corruptos o a Berlusconi. Si han sido listos para hacerse ricos, para robar, a lo mejor nos hacen ricos a todos, a lo mejor se nos pega algo, a lo mejor aprendemos.

Así que he llegado a la conclusión de que lo que nos pasa, todo lo que nos pasa como sociedad, nos lo merecemos o, al menos, se lo merecen muchos. Se lo merecen todos esos que pudiendo saber no quieren saber, los que pudiendo informarse no se informan, los que pudiendo entender no quieren entender. La mayoría de la gente ignora absolutamente cómo se está construyendo una realidad que nos va cercando poco a poco. Creen que esto de la crisis, de los despidos, del precio de la vivienda, de las hipotecas eternas y los trabajos breves y precarios se debe a una especie de concatenación de fuerzas oscuras que se forman no se sabe cómo ni por qué, y que se conjuran siendo más egoísta y más listillo que el vecino. No saben que es su increíble ignorancia, alegremente asumida, lo que les convierte en monigotes en manos de los que saben perfectamente lo que está pasando porque la realidad la construyen ellos, y lo hacen en su beneficio. Y así será hasta que ya no podamos tragar más. En realidad, si diez millones de personas saliéramos un día a la calle a decir Basta las cosas tendrían que cambiar. Pero la gente no sale a la calle porque eso, dicen, es hacer política. Por eso el sábado 12 salimos treinta o cuarenta mil venidos de toda España. Así que he llegado a la conclusión de que lo que nos pasa no es todavía ni la mitad de lo que nos puede pasar; y cuando nos pase ya podemos esperar sentados a Rosa Díez.

Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales

Ecologismo, Igualdad y Responsabilidad Civil: una visión de la publicidad social televisiva

Resumen

La publicidad social y el marketing de causas están de moda. En el presente artículo, a partir del análisis de una serie de campañas catalogadas como sociales, se propone un debate conceptual vital, y se argumenta, creemos que fundamentadamente, que este tipo concreto de publicidad que se estudia, debe entenderse y plantearse de manera distinta, para no confundir publicidad con argumento social con la comunicación para el cambio social.

Abstract

Social Advertising and Commitment Marketing are in fashion. This paper is made from the analysis of a group of campaigns labelled as Socials, it is proposed a vital conceptual debate, and so we argue that this kind of advertising we study, must be understood in a different way, in order to not confound the advertising that uses social argument from other types of communication for the Social Change.

Artículo publicado en Icono14. Para leerlo pinche aquí.
Autores: Alfonso Cortés González y Patricio Pérez Rufí.

¿Qué más puede hacer el PP para llegar a La Moncloa?

Artículo publicado en elplural.com. Para Leerlo pinche aquí.

Es doloroso e inadmisible la agresión física contra el sr. Tertsch, como lo sería contra cualquier otra persona y por cualquier motivo. La violencia no tiene pretextos, no debería ser empleada contra nadie bajo ningún concepto, y menos aún sin juicio justo. Pero claro, el uso de la violencia nunca responde a satisfacer a la Justicia, sino a la venganza.

A todas las personas que negamos la violencia (quedan excluidas las que comulgan con la pena de muerte, por ejemplo) nos conmueve y denunciamos siempre este tipo de sucesos. Ahora bien, es improcedente que se quiera aprovechar la paliza que le han dado al propio Tertsch (y lamento que se esté metiendo el nombre de este señor, ahora víctima, en la agenda) para tratar de sacarle los colores al Gobierno. Eso, en el plano de los símbolos sociales, es una paliza a la inteligencia y a la propia democracia, ya que atenta contra dos pilares fundamentales del engranaje democrático (en la configuración de las opiniones públicas), como son la verdad y la honestidad.

Digo esto porque en Telemadrid se ha responsabilizado a Wyoming por la agresión contra Tertsch. Eso no sólo es grave e imprudente, sino que es mentira. Además puede contribuir a incendiar los ánimos, y atenta directa e injustificadamente contra el honor y la imagen de una persona, en este caso el presentador de El Intermedio. Más grave aún, aunque disfrazadas de Caperucita, son las palabras de Esperancita Aguirre, quien ha afirmado que “la actitud crítica de Tertsch contra el Gobierno no justifica una agresión”.

Estas palabras de la lideresa sí que son realmente peligrosas, comparadas con las sandeces de confesionario de Curry Valenzuela, porque dicen lo que parece que dicen, pero sin decirlo. De este modo la señora Aguirre está haciendo una trampa dialéctica, ya usada reiteradamente por la propaganda nazi y fascista que tantos réditos dio a Hitler y Mussolini, que consiste en unir un acontecimiento real con una suposición ficticia para debilitar al adversario. Vayamos por partes: Tertsch ha difundido opiniones críticas hacia el Gobierno (como las he vertido yo mismo en ocasiones), es cierto, pero no tienen porque ser el motivo por el que haya recibido esa paliza, y ni mucho menos Zapatero ha sido el que está detrás del siniestro asunto. Siguiendo esta presuposición, si a un periodista progresista le ocurre mañana algo parecido, deberíamos culpar al PP. Esto sería el comienzo de una espiral de violencia, y no es justo ni lícito que ningún político dentro de un sistema parlamentario pretenda encender esa mecha.

Es obvio el aprovechamiento político por parte del PP y su caverna de la agresión contra un compañero de filas para arremeter contra el Gobierno elegido por los españoles. La señora Aguirre podrá decir que nunca ha culpado al gobierno, y técnicamente es cierto, pero ella sabe que dejando caer que criticar al Gobierno no justifica una paliza, está poniendo sobre la mesa que se pueden recibir palos por criticar al Gobierno. José Bono, Presidente del Congreso, sí que encajó algunos golpes por ser del PSOE, y sí que estaba claro que eran simpatizantes del PP sus agresores, y sin embargo no se aprovechó esa situación, por responsabilidad política, para no incitar más violencia o sentimientos de rabia y odio entre la población. El PP está jugando con fuego, pero no ya con un mecherito, sino que parece que está trayendo la leña al fogón.

El partido de Rajoy está haciendo todo lo posible por arrebatar el poder al PSOE, incluso haciendo uso de la calumnia, la mentira y la intoxicación informativa. Calumniar, mentir e intoxicar son delitos tipificados en nuestra legislación. En esta tropa de conservadores hay personajes capaces de formular hipótesis sobre la vinculación de ZP en el 11-M o en la agresión contra Tertsch, e incluso no se sonrojan cuando se oponen al Paquete Telecom, cuando todos los diputados del PP lo han aprobado en el Parlamento Europeo. Sí aún así no son capaces de ganar las próximas elecciones, el único límite que les queda por traspasar para llegar a La Moncloa es el uso de las armas y la violencia. No sé si será capaz la justicia o la historia de hacerlo, pero este PP deberá algún día rendir cuentas por su actitud y pedir disculpas. Ojalá se pueda quedar sólo en eso antes de que sea demasiado tarde.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política y Publicidad en la Universidad de Málaga

La invisibilidad de la izquierda

Artículo de Beatriz Gimeno, publicado en elplural.com. Para leerlo pinche aquí.

Decía Jaques Delors en una entrevista publicada el domingo que la izquierda ya no es ni siquiera dueña de su propio vocabulario. En un artículo publicado en este mismo medio Vicenç Navarro hablaba también de cómo los medios de comunicación permiten sin problemas la expresión de argumentos claramente de derechas o muy de derechas, mientras que no dan entrada a argumentos claramente de izquierdas, sino únicamente a aquellos más “moderados” o de centro.De manera que sí, que a las personas de izquierdas nos van robando el vocabulario y la posibilidad de expresar ideas claramente de izquierdas, y la población en general termina por creer que existe la derecha, incluso la extrema derecha, -que no se cortan un pelo-, y que por el otro lado, está el centro. La idea que se extiende es que que mantener posiciones de netamente izquierdistas es algo extremo, raro, marginal…ya que dichas ideas ni aparecen con nitidez en los medios, ni las expresan los políticos (desde luego no los que gobiernan, nunca) Se va educando en la sensación de que ser de izquierdas es algo vergonzoso o clandestino, algo propio quizá de jóvenes alocados, pero no de personas maduras y normales.

La consigna es la siguiente: uno puede ser claramente de derechas y estar a favor de los crucifijos, en contra del aborto, del matrimonio gay, en contra de lo público o en contra de una política impositiva progresiva y no pasa nada; una postura semejante puede ser perfectamente defendida en público. Pero si uno/a es de izquierdas y está por quitar los crucifijos del espacio público, a favor del aborto como derecho (derecho, Señor Bono, derecho), a favor de que los impuestos cobren más a los ricos, mucho más, a favor de lo público frente a lo privado… parece que no puede decirlo con claridad si quiere tener acceso a los medios.

He aquí un ejemplo que me hizo pensar mucho. Cuando hace un par de semanas se celebraron elecciones en Uruguay y estas fueron ganadas ampliamente por el exguerrillero Jose Mugica, en el telediario de las nueve de la noche, en Televisión Española, el locutor dio paso a la enviada en Montevideo con la siguiente afirmación (literal): “Existe el temor que de que Jose Mugica sea más de izquierdas que su antecesor ¿no?” a lo que la enviada respondió: “Existía ese temor, pero no parece fundado ya que Mugica ha moderado su lenguaje en esta segunda vuelta”. Yo, que lo estaba escuchando tuve que preguntarme: ¿quien teme que Mugica sea de izquierdas? No serán los electores, que le han votado masivamente aun cuando, efectivamente, parece más de izquierdas que su antecesor. ¿No será entonces que los electores son mayoritariamente de izquierdas y es justamente eso lo que quieren de su gobierno? Finalmente por mucho que los medios o los comentaristas en general no quieran entenderlo, no quieran asumirlo, puede que lo que ocurre sea algo tan simple como que los votantes, a veces, quieren que gobierne la izquierda, una izquierda que parezca de izquierdas, en su lenguaje y en sus actuaciones: en Uruguay, en Bolivia o en Venezuela. Y que el problema es cuando la izquierda parece que desaparece y sus votantes quedan huérfanos, como en Italia.

Aquí, sin ir más lejos, pasa lo mismo. Votamos al PSOE para que gobernara la izquierda. Cuando el PSOE llevó adelante cambios sociales importantes y de izquierdas, ganó las siguientes elecciones. En la segunda legislatura, en cambio, echaron el freno, llegó la moderación, el miedo, el “no vaya a parecer que somos muy de izquierdas”. Así que reforma fiscal más o menos de derechas, el aborto ya no es un derecho de las mujeres (la palabra “derecho” desaparece de cualquier argumentación), quitar los crucifijos de los espacios públicos ya no está en la agenda, y apatía o directamente temor en la defensa de lo público, que no asume nadie frente a las privatizaciones de la derecha. ¿A quién teme asustar Zapatero? ¿Por qué dan por hecho que no somos mayoría los votantes que le pedimos que sea y que parezca de izquierdas? Los votantes de izquierdas le llevamos a la Moncloa, pero una vez allí parece que se trata de no asustar a la derecha. Lo cierto es que el PSOE hace tiempo que empezó a perder las elecciones y que las perderá posiblemente. Las comenzó a perder el mismo día en que tuvo miedo de asustar a la derecha e incluso a la extrema derecha en lo que hace a sus relaciones con la iglesia. Pero los que le votamos en su día y los que ahora estamos asustados somos las personas de izquierdas que, a pesar de la invisibilidad a la que se nos somete, existimos.
Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales

La actitud miserable del PP con Cataluña

Artículo publicado en elplural.com · Para leerlo pinche aquí.

Reconozco que el título de este artículo puede pecar de amarillismo. Sin embargo, si atendemos al comportamiento real del partido de Rajoy, puede que incluso se quede corto, porque en política se pueden entender muchas estrategias, pero lo que nunca se debe aceptar es perder la coherencia con un proyecto propio, o no tener más proyecto que la destrucción del adversario. 

Es incoherente, cuando no mezquino, recurrir ante el Tribunal Constitucional el Estatut de Catalunya, mientras se acepta y se ha defendido el andaluz, por ejemplo, que contiene muchos artículos semejantes política y jurídicamente al catalán. Además, por un lado Cospedal presiona para una sentencia rápida, mientras por otro, impide la renovación de magistrados que están desde hace demasiado tiempo desempeñando su puesto en funciones. Por ello se apela a la “miserabilidad” del PP en el título.

Este Partido Popular nos tiene muy habituados ya a estas contradicciones, a estos digo blanco en Madrid, negro en Sevilla y azul en Barcelona. Sin embargo, esta postura ante el Estatut no responde sólo a la naturaleza trilera de este partido conservador (por decir algo) y polimórfico, sino a una acusada catalanofobia, de la mayor parte del PP, de raíces hundidas en el rancio nacionalismo español cuyo error histórico fundamental es afirmar España sobre la negación de las distintas identidades y culturas peninsulares.

Desde una postura aséptica institucional, no es conveniente a estas alturas presionar al Constitucional o intentar atajos jurídicos para sacar adelante este estatuto de autonomía, y me refiero a que no creo que sea del todo decoroso que se trate de influir a los magistrados en su decisión desde los distintos partidos políticos.

No obstante y a pesar de ello, sería conveniente explicarle al PP que en caso de que el Estatut sea considerado no-constitucional, habría que reformar la Constitución para que pueda serlo. Esto es porque realmente los estados-nación no son realidades estáticas ni estancadas en estructuras tradicionales (aunque basen en ello gran parte de su justificación histórica), sino que todos los estados, para su propia supervivencia en el tiempo, deben evolucionar y transformarse junto a la sociedad y sus demandas. Cuando un Estado no evoluciona, es el primer síntoma de su declive. Por tanto, si el Estatut no cupiese en la Constitución, habría que hacer esta más grande.

Alfonso Cortés González, profesor de Comunicación Política y Publicidad en la Universidad de Málaga

el facebook de hitler

Contradicciones en el Paquete Telecom: Internet y la difusión de la cultura

Fuente: elplural.com para verlo pinche aquí.

El Parlamento Europeo ha aprobado esta semana el Paquete de Telecomunicaciones, que entre otras cosas, permite cortarnos el acceso a Internet sin orden judicial. Este tipo de medidas, al parecer, están muy de moda. En Málaga, por ejemplo, el Ayuntamiento quiere que la grúa pueda retirar vehículos de la vía pública sin necesidad de que esté presente un agente de policía. Está claro que en primer término a quién beneficia este tipo de medidas es a determinadas empresas privadas, y perjudica gravemente a derechos individuales que han costado incluso sangre adquirirlos.

Centrándonos en el asunto que da título a este artículo, la cuestión se nos torna compleja, ya que entre la inmensa mayoría de los diputados de la eurocámara que han apoyado el Paquete, se encuentran los del Partido Pirata, lo que a priori parece una gran incongruencia y sólo 40 diputados se han opuesto, entre ellos 24 de la Izquierda Unitaria Europea que han votado junto a 11 diputados conservadores euroescépticos.

A pesar de la dificultad de interpretar esta decisión europea y tomar partido, existen una serie de criterios y situaciones que conviene ordenar para tratar de posicionarnos en este berenjenal. En primer lugar, disponemos, cada vez más, de altas velocidades de conexión a Internet por ADSL o cable, y claro, estas velocidades obviamente se utilizan para descargar películas y música. Si sólo quisiéramos mirar el correo y leer el periódico con un módem de 56k casi haríamos el apaño.

En segundo lugar, en nuestro país, por ejemplo, se paga un canon por cada soporte de grabación de datos en compensación por las denominadas descargas ilegales de contenidos con copyright. O una cosa o la otra, es obvio que corte de Internet sin orden judicial (o con ella) y canon digital son totalmente incompatibles.

En tercer lugar, y esto ya es una cuestión de principios, la cultura debería ser libre y accesible para todo el mundo, ya que la cultura ayuda a superar las desigualdades y permite que distintos seres humanos se hablen de tú a tú. Tradicionalmente, en la historia, la cultura ha estado reservada a determinados estamentos sociales privilegiados e Internet es una herramienta adecuada para llevar cultura a cualquier parte del mundo, pero claro, esto hace perder privilegios a ciertos grupos.

A Internet no hay que tenerle miedo y hay que dejarlo fluir y convertirlo en una herramienta real de difusión cultural en todo el planeta. En lugar de tratar de poner diques al mar, lo que deberían hacer, en cualquier caso, es pensar en nuevas formas de compensación a los autores en general. Estas nuevas formas para que los autores saquen beneficios, y sean animados a crear, son viables, lo que sucede es que en el nuevo panorama digital en red, el papel tradicional de las industrias culturales está más que en entredicho, y parece que no saben cómo adaptarse al nuevo entorno. Finalmente, si estas industrian no son capaces de transformarse, la realidad acabará por devorarlas.

Alfonso Cortés González, profesor de Comunicación Política y Publicidad en la Universidad de Málaga

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Alakrana: ¡Misión cumplida!

En todos estos días no he querido hablar sobre el asunto del Alakrana, porque cualquiera que tenga unos conocimientos mínimos de defensa (cosa que le falta a casi todo el PP), sabrá que en los momentos de crisis de este tipo, cualquier comentario mal medido puede favorecer al enemigo o perjudicar las posibilidades de éxito. Ayer, sin embargo, fue un día feliz. Se terminaban los interminables días de secuestro de los marineros del Alakrana. Por ello, se puede afirmar, sin ningún tipo de reservas, aquello del “misión cumplida”. A pesar de la estrategia de intoxicación al respecto que está llevando a cabo el Partido Popular, no sólo podemos afirmar que se ha cumplido la misión, sino que se ha cumplido extraordinariamente bien.

Fijémonos que el principal objetivo y deseo era recuperar a todos nuestros compatriotas sanos y salvos. Y se ha cumplido, mientras que en otros rescates, como en el caso de yate francés Tanit, hubo muertos (el patrón del barco y dos piratas) y se le consideró un éxito por parte del PP. Por esa regla de tres el caso <i>Alakrana</i> es doblemente un éxito, porque todos están vivos.

Para conseguir el objetivo de que regresase toda la tripulación, dentro de este juego negociador, se disponían de tres factores/herramientas fundamentales en el repertorio: la liberación de los dos piratas detenidos en España por un lado, el dinero por otro y también, como en cualquier operación militar, el uso de la fuerza. En efecto, como el Gobierno tenía claro que lo último que quería era víctimas mortales, el uso de la fuerza debía ser descartado en esta fase. Por tanto nos quedaban dos recursos para liberar a los nuestros: el dinero y el canje de prisioneros. Finalmente tampoco ha habido que forzar el aparato del Estado para liberar a los dos piratas, por lo que la operación <i>Alakrana</i> ya es triplemente un éxito.

El Partido Popular, que lleva algunos años demostrando que es el partido político más antiespañol que existe (por los perjuicios que provoca a España en sus asuntos de Estado, y por la imagen que pretende dar sobre nuestro gobierno en el exterior), quiere sacar rédito político de esta afortunada operación, diciendo que el Gobierno se ha doblegado y que ha pagado. En este sentido, pido que el PP sea claro y que justifique su postura y que aclarare, si para el partido de Rajoy y sus secuaces es más importante la vida de los ciudadanos o un puñado de euros, y qué es lo que hubiese hecho él. Yo al respecto no tengo ninguna duda, y al parecer tampoco la tiene el Gobierno. Ahora bien, el desembolso del rescate no excluye la posibilidad de acciones militares y jurídicas a posteriori, pero eso ya es otra discusión de la que se hablará.

Por tanto, el Gobierno en este asunto no sólo lo ha hecho muy bien, sino que lo ha hecho mejor que Sarkozy ya que no hemos tenido que lamentar la terrible muerte de nadie. Francamente da tranquilidad que en casos como este, nuestro gobierno se preocupe en primer lugar por la vida de sus ciudadanos, y que luego ya hable de dinero y otras chorradas, ya que ¿tendrá cualquier Gobierno en realidad misión más importante que proteger la vida de las personas y su bienestar? Si me pongo en el lugar de cualquier marinero prefiero con los ojos cerrados una operación como la que he llevado el Gobierno, que una acción salvapatrias y fanfarrona del PP, que hubiese pensado muy poco en mi vida, y en lo que significa para mi familia. Porque si un gobierno manda primero la fuerza, yo podría morir, y además movilizar soldados y usar munición también cuesta mucho dinero.

Alfonso Cortés González, es profesor de Comunicación Política y Publicidad en la Universidad de Málaga

www.alfonsocortes.com